Aqualis y los Ascendentes
El Cielo Reclama lo que es Suyo
Capítulo 1: Los Skybreakers
Decían que más allá de las nubes, donde el Cielo toca las estrellas, existía una ciudad imposible: Aqualis. Sus torres brillaban con cristales que absorbían la luz del sol, y sus calles flotaban sobre corrientes invisibles. Allí no existía la enfermedad, el hambre ni el dolor; era un paraíso donde los elegidos podían vivir en paz y plenitud.
Sin embargo, Aqualis no era para todos. Solo los que cumplían dos condiciones podían subir:
Tener la edad mínima de 15 años para soportar el ascenso.
Superar el Rito del Horizonte, una prueba ancestral donde el aspirante debía enfrentar su mayor miedo en soledad y demostrar que su corazón no estaba atado a la Tierra.
Una vez que alguien lograba subir, nunca volvía a ser visto. La regla era clara:
"UNA VEZ QUE SUBES, YA NO BAJAS."
Capítulo 2: El Ascenso
En una pequeña ciudad al pie de las montañas, vivían cinco amigos inseparables: Lian, de ojos claros y espíritu valiente; Noah, su mejor amigo y casi hermano, siempre protector; Aria, ingeniosa y con una curiosidad sin límites; Kai, el estratega del grupo, frío pero leal; y Selene, sensible y observadora, capaz de ver lo que otros ignoraban.
Una noche, bajo un cielo estrellado, hicieron un juramento:
"Juntos pasaremos la prueba. Juntos subiremos a Aqualis. Y juntos descubriremos la verdad que Kael, su líder, nos oculta."
Esa promesa los unió para siempre.
Capítulo 3: La Ciudad Imposible
Lian fue el primero en cumplir la edad y enfrentar el Rito del Horizonte. Nadie sabe exactamente qué vio, pero cuando regresó del bosque donde se realizaba la prueba, tenía una mirada distinta, como si hubiera dejado atrás parte de sí mismo.
Al amanecer, el portal apareció frente a él. Los demás lo acompañaron hasta el punto donde las nubes comenzaban a brillar, y con un último adiós, Lian ascendió.
Desde ese día, nunca más pisó la Tierra.
Capítulo 4: El Control Mental
El portal brilló con un resplandor cegador, como si el cielo mismo se abriera para recibirlo. Lian dio un último paso y, en un instante, dejó atrás todo lo que conocía. El viento se volvió ligero, el aire dulce y cálido. Cuando abrió los ojos, Aqualis se desplegó ante él.
La ciudad parecía un sueño: edificios de cristal suspendidos en el aire, puentes que flotaban sin tocar nada, jardines donde el agua corría hacia arriba y aves que brillaban como estrellas volando alrededor. Los cielos eran de un azul tan intenso que parecía pintado.
Lian se quedó sin palabras. Cada rincón era más perfecto que el anterior. Por un momento, olvidó todo: la Tierra, el juramento, incluso a Noah y los demás.
"Bienvenido a tu nuevo hogar", dijo una voz detrás de él.
Era Kael, el líder de Aqualis, vestido con un manto blanco y plateado. Su mirada era profunda, como si pudiera leer su mente.
"Aquí no hay dolor, ni pasado. Solo el cielo y quienes lo merecen."
Lian asintió, todavía hipnotizado por la belleza del lugar.
Recordó las palabras de Kael:
"Una vez que subes, ya no bajas."
Esa noche, mientras caminaba por las plataformas luminosas, el eco de una voz en su memoria intentó alcanzarlo:
"No importa lo que pase, los Skybreakers siempre seguirán juntos…"
Pero el encanto de Aqualis era demasiado fuerte, y Lian lo dejó atrás.
Capítulo 5: La Batalla de Amigos
Pasaron los días, luego las semanas. Desde que Lian había subido, los Skybreakers no habían vuelto a saber de él. Cada amanecer miraban el cielo, esperando alguna señal, pero no había nada. En Aqualis, nadie podía comunicarse con los de abajo, y los de la Tierra solo podían esperar.
Noah, que siempre había sido como un hermano para Lian, comenzó a inquietarse. Cada noche, recordaba el juramento que hicieron los cinco.
"Pasara lo que pasara, los Skybreakers siempre seguirán juntos."
Una parte de él temía que Lian hubiera olvidado la promesa. Pero otra parte… sentía que algo no estaba bien en esa ciudad.
Cuando Noah cumplió la edad necesaria, no dudó ni un segundo. Realizó el Rito del Horizonte con una determinación feroz. Enfrentó su miedo más profundo: quedarse solo en un mundo que lo había olvidado. Y lo venció.
Esa misma noche, el portal se abrió para él. Aria, Kai y Selene lo acompañaron hasta el borde.
—Noah, ¿estás seguro? —preguntó Selene, con lágrimas en los ojos.
—Sí. Si Lian olvidó quién es, yo se lo recordaré.
Sin mirar atrás, Noah cruzó el portal.
Capítulo 6: El Precio del Olvido
Noah llegó a Aqualis. Como le pasó a Lian, la belleza de la ciudad lo dejó sin aliento. Pero a diferencia de su amigo, no se dejó cegar. Miró más allá de las luces y la perfección, buscando las grietas en la fachada.
Pronto fue recibido por Kael.
—Bienvenido, nuevo habitante.
—No soy habitante. Soy un Skybreaker. Estoy aquí por Lian.
Kael sonrió, pero su mirada era fría.
—Tu amigo ya no es el mismo. Aquí, todos dejamos atrás lo que fuimos.
Noah lo ignoró y buscó a Lian. Cuando finalmente lo encontró, este vestía como los habitantes de Aqualis, con la mirada perdida en la magnificencia del cielo.
—Lian… soy yo. Noah.
—¿Noah? —dijo Lian, como si recordara un sueño lejano—. No debiste venir… aquí nada vuelve a ser igual.
Capítulo 7: La Búsqueda en la Tierra
En una de las plataformas altas de Aqualis, donde el cielo parecía infinito, Noah encontró a Lian mirando las nubes, como si hubiera olvidado que alguna vez estuvo en la Tierra.
—Lian. —La voz de Noah retumbó como un trueno.
El joven giró lentamente, sorprendido.
—Noah… ¿cómo es posible que estés aquí?
Noah se acercó, los ojos encendidos de rabia y dolor.
—¿Eso es todo lo que tienes que decirme? ¡Han pasado meses! ¡No enviaste ni una señal, ni una palabra!
—No puedo comunicarme con ustedes… nadie puede. —respondió Lian, con voz baja.
—¡No me vengas con excusas! —gritó Noah, apretando los puños—. Hicimos un juramento, Lian. Dijimos que los Skybreakers siempre seguiríamos juntos, ¡pero tú nos olvidaste!
Lian bajó la mirada, incapaz de responder de inmediato.
—Yo… yo no los olvidé. —susurró—. Pero aquí… aquí todo es diferente. Cuando llegas, sientes que ya no necesitas nada más. Aqualis te lo da todo.
—¡No, Lian! —Noah lo agarró del brazo—. Eso no es libertad, eso es control. ¡No ves lo que te están haciendo!
Antes de que pudiera responder, una voz profunda interrumpió desde las sombras.
"Él ve perfectamente, Noah. Solo tú te niegas a aceptar el cielo."
Era Kael, observando la escena con una calma inquietante.
"Aquí no hay lugar para el pasado. Quien sube, deja todo atrás. Esa es la regla."
Noah apretó los dientes.
—Tú… tú eres el que los manipula. ¿Por qué nadie puede volver? ¿Qué escondes, Kael?
Kael sonrió con frialdad.
"Si quieres respuestas, tendrás que ganártelas. Pero cuidado, Skybreaker… el cielo no perdona a los que desafían su orden."
Mientras Kael desaparecía entre la luz, Lian se soltó del agarre de Noah.
—Noah, vete. Antes de que sea demasiado tarde.
—Jamás. —Noah lo miró con furia y dolor—. No pienso dejarte aquí convertido en lo que ellos quieren que seas. Te lo prometí, y yo sí cumplo mis promesas.
La tensión creció entre ellos. Por primera vez, los hermanos de corazón estaban en lados opuestos.
Capítulo 8: Los Secretos de Ezequiel
Noah, cegado por el enojo y la tristeza, no escuchó las advertencias de Kael ni las súplicas de Lian.
—Nos vamos, Lian. ¡Ahora! —gritó, con una determinación que ardía en su mirada.
—¡Noah, no puedes! ¡No entiendes cómo funciona esto! —exclamó Lian, intentando detenerlo.
Pero Noah no lo escuchó. Lo sujetó con fuerza y corrió hacia el borde donde creía que el portal podría abrirse. El cielo comenzó a temblar. Las luces de Aqualis parpadearon como si algo las estuviera consumiendo a un ritmo acelerado.
Entonces, lo sintieron. Una presión invisible, como si miles de manos los sujetaran, impidió su avance. Los habitantes de Aqualis, con los ojos vacíos y un brillo azul en las venas, se interpusieron en su camino, moviéndose como si fueran parte de una misma mente.
Lian, horrorizado, entendió lo que pasaba.
"Están conectados… Aqualis vive gracias a ellos. ¡Gracias a nosotros!"
Cada paso que Noah daba, la ciudad absorbía su fuerza, drenándolo por completo.
—¡Noah, para! ¡Te está matando! —gritó Lian, tirando de él.
Pero Noah seguía avanzando, gritando con furia, mientras su cuerpo se debilitaba.
El cielo se iluminó con un resplandor violento. La energía que la ciudad absorbía se volvió tan intensa que Noah cayó de rodillas, temblando.
"¡No! ¡Yo lo sacaré de aquí! ¡No me lo quitarán!" —gimió, pero sus fuerzas lo abandonaban.
Un segundo después, Noah colapsó en el suelo, inconsciente, mientras un resplandor azul emanaba de su cuerpo y era absorbido por las torres de Aqualis.
—¡Nooo! ¡Noah! ¡¿Qué has hecho?! —gritó Lian, desesperado, abrazando a su amigo mientras sentía cómo la ciudad vibraba a su alrededor, alimentándose de él.
Kael apareció, caminando lentamente, con una sonrisa oscura.
"Ahora lo entiendes, Lian. Nadie puede irse. La ciudad los necesita. Él… solo ha acelerado su destino."
Lian, con lágrimas en los ojos, apretó los puños.
—Kael… ¿qué es Aqualis realmente?
Kael lo miró fijamente, y por primera vez, sus palabras fueron un susurro cargado de verdad:
Capítulo 9: El Regreso a Aqualis
Mientras Noah yacía inconsciente, los cielos sobre Aqualis comenzaron a convulsionar. Luces azules y destellos eléctricos se extendieron por las nubes, y desde la Tierra, los tres Skybreakers restantes —Aria, Selene y Kai— los vieron.
—¿Qué está pasando allá arriba? —susurró Aria, con el corazón encogido.
—Eso… no es normal. —dijo Kai, apretando los dientes—. Lian y Noah están en problemas.
Selene miró el cielo con lágrimas en los ojos.
—Debimos estar ahí con ellos…
Mientras tanto, en Aqualis, Kael ordenó que Noah fuera llevado a las cámaras inferiores, donde su energía sería utilizada para estabilizar la ciudad. Lian, desesperado, forcejeaba contra los guardias.
—¡¿A dónde lo llevan?! ¡Déjenlo! —gritaba con furia.
Kael, sereno, caminaba sin mirar atrás.
"Él está donde debe estar. Y tú… también lo estarás."
Sin advertencia, Kael lo sujetó del brazo y lo condujo a través de pasillos que Lian no había visto antes, túneles oscuros iluminados por una luz azulada que parecía palpitar como un corazón. Al llegar a una sala circular, en el centro se alzaba una máquina gigantesca, llena de cables que parecían raíces y un núcleo brillante que emitía un zumbido constante.
Lian retrocedió un paso.
—¿Qué es esto?
Kael sonrió con frialdad.
"El lugar donde Aqualis se asegura de que sus hijos nunca recuerden de dónde vinieron."
Antes de que pudiera reaccionar, Kael lo empujó con fuerza hacia el interior de la máquina. Brazos metálicos surgieron, sujetándolo por los hombros y la cabeza, mientras el núcleo azul comenzaba a brillar con más intensidad.
—¡No! ¡Suéltame! —gritó Lian, luchando contra las correas.
"Lian, olvida la Tierra. Olvida a Noah. Olvida todo. Aquí eres nuestro. Aquí… eres de Aqualis."
El zumbido se convirtió en un rugido ensordecedor. La máquina comenzó a drenar su energía, enviando corrientes de luz azul por sus venas. Sus recuerdos de la Tierra, de su infancia, de los Skybreakers… comenzaron a desvanecerse.
Capítulo 10: La Batalla Final
En algún punto olvidado de la Tierra, donde ni el viento se atrevía a soplar, existía una estructura antigua, medio enterrada, cubierta de polvo y óxido. Nadie había entrado ahí en décadas. Ni siquiera las ratas se acercaban a ese sitio, pues emanaba un frío sobrenatural.
En el corazón de esa oscuridad, una silueta humana se mantenía inmóvil, de pie, rodeada de sombras. Su rostro no podía distinguirse, pero de su cuerpo brotaban pequeños destellos de luz azul, que se expandían lentamente como venas luminosas en la penumbra.
Cuando abrió los ojos, dos haces azules iluminaron el lugar.
"El cielo… ha despertado. Es hora."
☁️ Los Skybreakers buscan el camino
Mientras tanto, en la Tierra, Aria, Kai y Selene no perdían el tiempo. Sabían que Lian y Noah estaban en peligro. Buscaron en archivos antiguos, documentos prohibidos, cualquier pista que hablara de Aqualis.
En una noche interminable, Aria encontró un archivo oculto en los registros del gobierno, marcado con el sello de "TOP SECRET". Lo abrió y, al leerlo, sus ojos se agrandaron.
—No… esto no puede ser verdad.
No dijo nada, pero el temblor en sus manos lo decía todo. Lo que descubrió cambiaría todo lo que creían saber sobre Aqualis.
Por otro lado, Kai, hurgando en otros documentos, encontró un nombre inquietante:
Proyecto "Génesis 2.0".
Capítulo 11: El Sacrificio
Noah abrió los ojos con dificultad. Estaba dentro de una cápsula fría, rodeado de tubos que drenaban su energía. Su cuerpo dolía, pero algo en su interior ardía: el recuerdo de la promesa.
"Pasara lo que pasara, los Skybreakers nunca se olvidarían."
Con un esfuerzo sobrehumano, rompió uno de los tubos, intentando liberarse. Pero antes de que pudiera salir, una voz helada lo detuvo.
"¿Crees que puedes escapar, Noah?"
Kael estaba ahí, de pie frente a la cápsula, con su mirada fría y calculadora.
"Si no olvidas tu pasado, si no dejas atrás la Tierra, terminarás como él."
Noah frunció el ceño, jadeando.
—¿De qué hablas? ¿Qué le hiciste a Lian?
Kael sonrió con calma.
"Míralo tú mismo."
De las sombras detrás de Kael, apareció una figura. Era Lian… pero no el mismo. Sus ojos, antes llenos de vida, ahora eran de un azul intenso y vacío. Su postura era rígida, su expresión sin emociones. Lian estaba vestido con la túnica blanca de los habitantes de Aqualis, pero había algo más: una frialdad artificial en su mirada, como si ya no recordara quién era.
—¡Lian! ¿Qué te han hecho, hermano?! —gritó Noah, con el corazón desgarrado.
Lian lo miró sin reconocerlo.
"Noah… no hay vuelta atrás." —su voz era casi un susurro, carente de emoción.
Kael, sonriendo, se inclinó hacia Noah.
"¿Lo entiendes ahora? Así es como Aqualis reclama a los suyos. Si no obedeces… serás como él."
Noah, con lágrimas en los ojos, bajó la cabeza, fingiendo rendirse.
—Sí… lo entiendo.
Kael asintió satisfecho, sin saber que, dentro del corazón de Noah, una chispa de rebelión seguía ardiendo.
Capítulo 12: El Nuevo Amanecer
Los tres Skybreakers llegaron a la dirección marcada en el archivo. Era de noche, y el lugar parecía sacado de una pesadilla: un edificio en ruinas, sin ventanas, cubierto de óxido y polvo. No había señales de vida, solo un silencio sepulcral.
—Este es el lugar… —susurró Aria, mirando la puerta carcomida.
—Parece que nadie ha vivido aquí en décadas. —dijo Kai, apretando su linterna.
Selene tragó saliva.
—Entonces… ¿qué es esa luz azul que vimos?
Empujaron la puerta, que crujió con un sonido desgarrador. El interior estaba oscuro, con paredes cubiertas de marcas extrañas. Al fondo, una silueta inmóvil los observaba desde las sombras.
Cuando dieron un paso más, la figura emergió a la luz.
Era un hombre mayor, de unos 68 años, con el cabello blanco y una piel marcada por el tiempo. Sus ojos, sin embargo, brillaban con un leve tono azul.
—Así que… Aqualis los ha llamado. —dijo con voz grave, cargada de experiencia.
Los tres se miraron, estupefactos.
—¿Usted… es un ascendente? —preguntó Aria, casi sin creerlo.
El hombre sonrió con amargura.
—Fui.
Kai dio un paso adelante.
—¿Cómo logró bajar? Nadie ha hecho eso.
El anciano los miró fijamente.
—No bajé… escapé. Y créanme, no fue sin pagar un precio.
Los Skybreakers se quedaron en silencio, asimilando lo imposible. Selene susurró:
—¿Por qué nadie sabe de usted?
—Porque Kael se asegura de que nadie recuerde a los que desafían su cielo. Yo… no debería estar vivo.
Epílogo: El Legado de los Skybreakers
Días después, Aqualis comenzó a sanar. Los habitantes, liberados del control mental, reconstruyeron la ciudad bajo una nueva era de libertad.
Pero en lo más profundo de la ciudad, una pantalla parpadeó.
—Protocolo GENESIS // fallido….
—Restauración de núcleo secundario iniciada…
—Sujeto Kael – estado: INDETERMINADO.
Una figura se reflejó en los cristales rotos.
—Aqualis… reclama lo que es suyo.